El 21 de julio recién pasado, se dio a conocer el Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2009-2010 en la sede de CEPAL en Santiago de Chile. "'El crecimiento es más alto de lo que se preveía. Pero el desempeño es muy heterogéneo dentro de la región. Destacan los países del Mercosur y aquellos Estados que tuvieron mayor capacidad de implementar políticas públicas. También aquellos países con mercados internos fuertes potenciados por el espacio regional y alta participación de las exportaciones hacia Asia ", dijo Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL. Las mayores tasas de crecimiento en 2010 se observan en América del Sur, encabezadas por la economía de mayor tamaño, Brasil, que crecerá 7,6%, seguido de Uruguay (7,0%), Paraguay (7,0%), Argentina (6,8%), y Perú (6,7%). Otros países tendrán magnitudes de crecimiento menor, como República Dominicana (6,0%), Panamá (5,0%), Bolivia (4,5%), Chile (4,3%) y México (4,1%). En tanto, Colombia crecerá 3,7%, Ecuador y Honduras 2,5%, Nicaragua y Guatemala 2,0%, mientras que Venezuela mostrará un retroceso de -3,0%. Por otra parte, la economía de Haití caerá -8,5%, como consecuencia de los efectos del terremoto que sufrió en enero pasado, y otras naciones del Caribe también anotarán un resultado negativo. En general, el mayor nivel de actividad económica regional tuvo una repercusión positiva sobre el empleo. Esto permitirá una reducción del desempleo en la región, que llegaría en 2010 a 7,8%, es decir, cuatro décimas porcentuales por debajo de la tasa observada el año pasado (8,2%). El crecimiento de algunas economías de la región se consolidó este año sobre la base de tres elementos: el consumo privado, que reaccionó positivamente a la paulatina mejora de los indicadores laborales y al aumento del crédito; el ascenso de la inversión y, en menor medida, el repunte de las exportaciones. La rápida recuperación, tras una crisis de proporciones poco vistas en la historia económica moderna, ha sido en gran parte impulsada por las políticas públicas, según la CEPAL. La solidez macroeconómica que mostró la mayoría de los países de América Latina y el Caribe en los años que antecedieron a la crisis internacional marcó una diferencia significativa. Los países aprovecharon un excepcional período de bonanza en la economía y las finanzas internacionales para sanear sus cuentas públicas, reducir y mejorar el perfil de su endeudamiento y aumentar sus reservas internacionales. Este proceso permitió un mayor espacio para la aplicación de políticas públicas contracíclicas e hizo posible el inicio de la recuperación en la segunda mitad de 2009. La puesta en marcha de programas de estímulo fiscal y monetario, junto con una disminución de la incertidumbre y la relativa normalización de los mercados financieros y el mayor acceso al crédito, así como el mayor dinamismo de la economía internacional, permitieron una gradual recuperación de la actividad económica a lo largo del año, que se consolidó en 2010. El Estudio económico reconoce diversos factores que propiciaron este positivo desempeño en la recuperación de los países regionales y son de índole interna como externa. Entre los factores externos, cabe destacar el dinamismo de las economías asiáticas claves, cuya sostenida demanda de productos de la región han creado condiciones para una importante recuperación de los precios y los volúmenes de las exportaciones, sobre todo de bienes básicos como metales y minerales, petróleo y ciertos granos en el caso de América del Sur. Del mismo modo, la recuperación de la economía de los Estados Unidos, si bien es gradual, contribuye a un mejor escenario para México, Centroamérica y, en la medida en que se eleve la demanda del turismo, posiblemente también para el Caribe. Por las mismas razones, se proyecta cierta recuperación en las remesas enviadas por los trabajadores emigrados de la región. Europa, por su parte, si bien también exhibirá cifras positivas de crecimiento, lo hará en mucha menor medida y los esfuerzos de consolidación fiscal en curso, lo mantendrán en bajos niveles. El Estudio, menciona entre los factores internos la capacidad de acción contraciclíca que desplegaron varios países de la región empleando para ello, los espacios de política tanto fiscal como monetaria, construidos en la fase previa de seis años de auge en los precios de los productos básicos y crecimiento ininterrumpido en la región. Además, la constante reducción de los niveles de endeudamiento externo, las mejoras también sostenidas en las cuentas fiscales y los aumentos de las reservas internacionales permitieron que, excepto en el momento más álgido de la crisis, la región mantuviera un acceso continuado a los recursos del mercado de capitales internacional con las excepciones de aquellos países que son importadores netos de alimentos, combustibles, metales y minerales. Mayor nivel de actividad tuvo una repercusión positiva en la capacidad de generar empleo de las economías de la región y esto ha permitido una reducción de la tasa de desocupación, estimada para 2010 en un 7,8% es decir, cuatro décimos porcentuales por debajo de la tasa observada el año 2009, pero algo superior a la tasa vigente anterior a la crisis (en el 2008, se estimaba una tasa de desempleo del 7,3%). En la primera parte del 2010, los mercados del trabajo de la región han continuado con la recuperación iniciada en la segunda mitad del año 2009. En el conjunto de nueve países con información trimestral, la tasa de ocupación subió 0,7% en comparación con igual periodo del año anterior, lo que refleja el repunte económico. Cabe destacar que, de esta manera, se ha compensado completamente la caída de esta tasa entre los primeros trimestres de 2008 y 2009, superando levemente el nivel de inicios de 2008. Por otra parte, la inflación en América Latina y el Caribe, disminuyó de un 8,2% en 2008 a un 4,7% en diciembre de 2009. Con la excepción de la Argentina y la República Dominicana, la tasa de inflación disminuyó en todos los países con relación a 2008. Al igual que ese año, en el 2009, la República Bolivariana de Venezuela fue el país que registró la mayor tasa de inflación en la región y el único que presentó tasas de inflación de dos dígitos.(26,9%). Perspectivas 2011 Aunque la recuperación ha sido relativamente rápida, persisten interrogantes e incertidumbres sobre la evolución de la economía mundial que pueden oscurecer el panorama regional en el mediano plazo. La crisis de algunas economías de Europa puede tener una repercusión negativa sobre los volúmenes y los precios de las exportaciones regionales, así como de la recepción de remesas de algunos países de América Latina y el Caribe. En el caso de Ecuador la caída podría tener efectos más importantes, ya que las remesas provenientes de España representan una proporción cercana al 3% del PIB de este país. Persiste además la preocupación por algunas economías del Caribe, cuyo nivel de endeudamiento es muy elevado, y por tanto están en situación de vulnerabilidad. El endeudamiento promedio de la subregión alcanzó alrededor de 50% del PIB en 2009, pero en algunos casos específicos es mucho más alto, por ejemplo en Granada (3%) y Barbados (93%). También, se espera una desaceleración de las tasas de crecimiento hacia la segunda mitad de 2010, por lo que, si bien se proyecta que la región seguirá creciendo en 2011, lo hará a tasas menores: alrededor de 3,8%, equivalente a un aumento de 2,6% en el producto por habitante. Con la excepción de algunos países, entre ellos Chile y sobre todo Haití, debido a las tareas de recuperación tras los sendos terremotos que sufrieron ambos países, se prevé que la desaceleración será generalizada, aunque afectaría más a América del Sur, cuya tasa de crecimiento caería de 5,9% en 2010 a 4,3% en 2011. Ante este escenario, CEPAL considera que lo importante es mantener políticas públicas que apunten a la protección de los sectores más vulnerables en el marco de una estrategia más amplia, que abarque no sólo el área social sino también las políticas macroeconómicas y las políticas productivas. Las políticas sociales dan una mirada de largo plazo y el cierre de las brechas sociales, requieren diversificar la estructura productiva de América Latina a partir de la innovación y la incorporación de conocimiento. Esta perspectiva pone de manifiesto la importancia de aumentar la inversión en capital humano y físico, de modo de permitir la disminución de las brechas de productividad, a fin de hacer posible la consolidación de un proceso sostenible e inclusivo de crecimiento que sea sostenible en el tiempo. Loreto Soler (Periodista) |