Así se titula el primer capítulo del libro "La Hora de la Igualdad", presentado por CEPAL en su trigésimo tercer período de sesiones realizadas en Brasilia entre el 30 de mayo y el 1º de junio de 2010.
La crisis es un concepto cuyas significaciones se acumulan, como capas semánticas, a lo largo de las últimas tres décadas. Por una parte, existe la crisis del modelo industrial en que se hace un uso intensivo de energía fósil, que en múltiples frentes amenaza la sostenibilidad futura en materia ambiental y que hoy redobla la alarma antelas perspectivas del calentamiento global. Por otra, existe la crisis de un patrón de globalización en que la creciente potencia, autonomía y desregulación de la economía financiera, con relación a la economía real, produce una elevada volatilidad y tiende a la mayor concentración mundial de la riqueza y del ingreso.
Para CEPAL, la crisis que estalló en 2008 es la máxima expresión de lo anteriormente dicho. Más aún, se ha interpretado esta crisis financiera, y con cierta razón, como la consecuencia de la búsqueda a ultranza de la ganancia individual, de la lógica desnuda del dinero y de la especulación, así como de los poderes fácticos de agentes invisiblesque rigen por sobre los derechos de las personas y los bienes públicos. La crisis reciente hace pensar también en una crisis de época. En el análisis que se hace de la crisis en este documento confluyen ambas perspectivas.
La crisis económica global interrumpió la fase más larga e intensa de crecimiento económico de América Latina y el caribe (ALC) desde los años setenta. Este crecimiento se dio en el marco de una expansión económica internacional que abarcó desde 2003 hasta mediados de 2007 (y que en el caso de la región se extendió incluso hasta 2008), cuando comenzaron ageneralizarse los problemas que se iniciaron en el segmento de hipotecas de alto riesgo de los Estados Unidos. Sus consecuencias llegaron a los sistemas financieros de todo el mundo y afectaron significativamente a los mercados de bienes y de trabajo, sobre todo desde septiembre de 2008. Se fue conformando así, una perturbación económica mundial de gravedad inusual que muchos comparan con la Gran Depresión de los años treinta del siglo pasado.
Por otra parte, la crisis dejo en evidencia que los mecanismos institucionales para el control de riesgos sistémicos no evolucionaron a la par del proceso de globalización y liberalización financiera. De este modo, será necesario cambiar el enfoque y el alcance de la regulación y supervisión de los sistemas financieros nacionales y llevar a cabo un mayor esfuerzo de coordinación de la regulación a nivel global.
La contracción de la actividad económica mundial se explica por la reducción del PIB en los países desarrollados, que se sitúa entre un 3,2% y un 4,2%. El crecimiento de las economías en desarrollo pasará de un 5,4% en 2008 a entre el 1,2% y el 2,1% en 2009. Ese menor ritmo de crecimiento se vio acompañado de un aumento en la tasa de desempleo subiendo del 5,7% a nivel global en 2007 a un 6,6% en 2009, lo que equivale a un aumento de 34 millones de desempleados el mundo.
La crisis se transmitió a ALCa través de los canales tradicionales del crédito y de las exportaciones, con una fuerte contracción en el funcionamiento del comercio exterior, que se manifestó en el volumen y los precios de las exportaciones, enlas remesas y otros elementos directamente vinculados con la actividad económica. Al respecto, es importante distinguir que en ALC el impacto de la crisis fue más comercial que financiero y lo que se observa, que los más afectados fueron los países con economías más abiertas.
El desempleo aumentó del 7,5% en 2008 al 8,3% a fines de 2009, aumentando con ello la pobreza en nueve millones más de personas en situación de pobreza lo que incluye a cinco millones de personas en niveles de extrema pobreza.
A pesar de las cifras, esta crisis no alcanzó los niveles de dramatismo de eventos anteriores, lo que se debe, entre otras razones a la combinación de unentorno externo previo muy favorable y un mejor manejo de la política macroeconómica, que permitió a la región reducir su endeudamiento, repactar el pago de la deuda en mejores condiciones y aumentar, al mismo tiempo, sus reservas internacionales. De ese modo, las economías latinoamericanas se han visto en una situación sin precedentes en materia de liquidez y solvencia, con variaciones entre los países.
Se espera que el crecimiento proyectado para 2010 en la región, sea del 4,1% y se prevé que sea lago mayor en América del Surque en el resto de la región, dado el mayor tamaño relativo de los mercados internos de algunos países y la mayor diversificación de los mercados de exportación, su proyección comercial hacia materias primas cuyos precios aumentany la mayor participación de China en el comercio de varios países. En cambio, se espera un crecimiento más lento en economías más abiertas y con una cartera de socios comerciales menos diversificada y más concentrada en el comercio de manufacturas como es el caso de México y Centroamérica.
El Caribe tenía una situación mucho más desfavorable en términos de deuda pública, déficit fiscal, comercial y de reservas atravesado varias economías de la región, una situación financiera y cambiaria más compleja y una gran dependencia del turismo, que se contrajo en 2009.En ese contexto, la aplicación de política anticíclicas para enfrentar la crisis se vio muy limitada por el excesivo nivel de las respectivas deudas públicas.
En el nuevo escenario internacional existe una creciente percepción de que los efectos y enseñanzas que esta crisis ha dejado, sumados a las medidas para transitar hacia economías con baja emisión de carbono, determinarán la dinámica de crecimiento y la articulación de las relaciones económicas, financieras y comerciales en un nuevo escenario internacional.
Entre estos escenarios, esta el de que el mundo posterior a la crisis tendrá un patrón de un crecimiento económico más bajo debido a una baja en la demanda de los países desarrollados, que podría verse parcialmente compensada por aumentos de la demanda agregada en los países en desarrollo y la economía muestre tasas de crecimiento cercanas al 3%. Lo anterior, por una intensa contracción de la tasa de inversión y menor crecimiento del capital; el aumento de la tasa media de desempleo y la posible reducción de la productividad total de los factores por efecto de una considerable merma de la inversión en actividades de investigación y desarrollo que podrían frenar la incorporación de nuevas tecnologías al proceso de desarrollo.
Por otro lado, la disminución prevista del impulso de las economías desarrolladas puede compensarse, parcialmente,con un rol más activo de las economías emergentes, que se encuentran en una situación favorable para ampliar su demanda agregada interna.
Frente a este menor dinamismo, CEPAL estima que se traducirá en una desaceleración de los flujos comerciales, producto de las tendencias a la protección del espacio comercial nacional y el reestablecimiento tras los desequilibrios globales. Además, se estima que el comercio internacional seguirá siendo fuente de oportunidades para el crecimiento en la medida en que los nichos especiales o la ventaja de ser socios menores, permitiráexplorar oportunidades y desarrollar estrategias que permitan lograr incrementos considerables de las exportaciones.
La región enfrentará varios desafíos: primero, recuperar los niveles de actividad reduciendo las secuelas sociales de la crisis; dos, reducir la heterogeneidad estructural; tres, retomar el crecimiento basado en el aumento de la competitividad apoyada en la educación y la innovación, fortalecimiento de las instituciones y los mecanismos que posibilitan la difusión de los beneficios del crecimiento hacia todos los sectores de la población, el uso sostenible de los recursos naturales y el cuidado del medio ambiente.
Además, existe una creciente percepción de que los efectos y enseñanzas que esta crisis económica ha dejado, sumados a las medidas para transitar a una economía con una baja emisión de carbono, determinaran la dinámica de crecimiento y la articulación de las relaciones económicas, financieras y comerciales hacia un nuevo escenario de la economía mundial. Esta se compondría de al menos los siguientes elementos: menores, tasas de crecimiento económico en el mundo; nuevo rol de las economías emergentes; desaceleración de los flujos comerciales; menor transnacionalización financiera desde los países del norte; nueva arquitectura financiera global y tránsito hacia economías con menores emisiones de carbono.
También se espera una nueva geopolítica internacional resultado de un reordenamiento del equilibrio económico global, es decir de la presencia progresiva de países emergentes, en particular de los denominados BRIC (Brasil, Federación Rusa, India y China)y de su capacidad para aglomerar fuerzas regionaleslo que requerirá, por cierto, de una nueva institucionalidad multilateral mas activa y presente en los cambios que se avecinan.
En cuanto a la demanda, esta tendrá una desaceleración,producto de la tendencia a la protección y el restablecimiento del espacio comercial nacional tras la crisis. Con todo, en una mirada de largo alcance, este capítulo señala que el comercio internacional seguirá siendo fuente de oportunidades para el crecimiento en la mediad que los nichos especiales o la ventaja de ser socios menores en el comercio mundial, permitirán explorar oportunidades y desarrollar estrategias que permitan lograr incrementos considerables de las exportaciones. El desafío, entonces, no solo radica en identificar esos rubros, sino en construir las capacidades productivas, humanas y tecnológicas que permitan posicionarse competitivamente en ellos.Ese es el futuro.